Por: J. Nicolás Hartz.
En la biblia nadie se atreve a definir a Dios. Definir es abarcar algo y Dios es inabarcable.
Nombrar es aprehender y medir la esencia de una persona, y Dios no es mensurable.
Por ello la biblia evita nombrar a Dios, para hablar de El, siempre se refiere a: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac. Una forma adecuada de hablar de Dios sería: Aquel que se reveló a los patriarcas, Aquel que se reveló en Jesucristo.
Dios no tiene nombre y si alguno le diesemos sería: Sin-nombre, innominado, y es que, es eso, el Inefable, el Inclasificable, el Incalificable. Ninguna palabra lo puede encerrar en sus fronteras.
Dios no es lógica, no es un ente abstracto. Solo en la fe lo podemos entender, en silencio, con certeza, pero a oscuras.
FE ADULTA
Para entender la fe, es necesario aplicar los conceptos ordinarios del lenguaje humano.
¿Quién es un niño?, es aquel ser que esencialmente es dependiente para todo: andar, comer, vivir etc.
¿Quién es un adulto?, es aquel ser que es capaz de mantenerse en pie sin apoyarse, que puede ganarse la vida y vivir por si solo.
La fe infantil es, pues, aquella que para entregarse necesita de apoyos, de seguridades, de tranquilizantes para poder suavizar el miedo al salto.
La fe adulta, es aquella que asume todos los riesgos y, sin apoyarse, confía, permite, se entrega.
Salto al vacio, vacio de seguridades, de evidencias. La persona que para creer necesita de explicaciones o seguridades apologéticas posee una fe infantil.
Lo que creemos pareciera estar en contra del sentido común y de las leyes cósmicas. Pero tranquilizemonos, el que colocó las leyes, las puede descolocar, la fe no está en contra de la razón, ni la razón en contra de la fe, que los milagros son posibles etc. y así puedieramos dar miles de explicaciones. Fe infantil pues requiere y se apoya en seguridades, en falsas seguridades.
Creer, una vez llegado el momento en que han caido todas esas falsas seguridades, se convierte en una aventura, y al igual que Abraham, habrá que correr todos los riesgos.
Deberemos comenzar por renunciar a todas las seguridades que nos anteceden.
Por ejemplo: Si vamos a la conquista de una isla habitada por feroces indigenas y estamos ante una lucha desigual, nos regresamos, tomamos nuevamente el barco y regresamos a alta mar.
Pero si al llegar, quemamos la nave, entonces la aventura será pura y absoluta. Será como una apuesta, lo ganaremos o lo perderemos todo. Corremos pues todos los riesgos.
Del mismo modo, en la fe, hay que dejar las reglas del sentido común, explicaciones y demostraciones, y dar ese salto al vacío, abandonandose por completo al OTRO. El, todo lo puede, El es capaz de resucitar a un muerto y de realizar cualesquiera milagro.
Así pues, una de las caracteristicas de la fe es la adhesión vital a una persona. Nuestra fe antes era demasiado racional. Abraham confía y se lanza a un Tú.
En nuestra fe anteriormente se buscaba una cierta tranquilidad mental. La fe, no es una acrobacia mental, sino una adhesión comprometida con una persona. Los conflictos intelectuales de la fe comienzan cuando se debilita o falta esa adhesión vital a Jesucristo.
Esta adhesión vital, toma y agarra a todo el hombre por completo: su confianza, su fidelidad, su asentimiento intelectual y su adhesión emocional. De este modo, el hombre compromete su historia entera, con sus proyectos, emergencias y eventualidades.
Esta fe de la que hablamos hizo caminar a Abraham en presencia del Señor, Dios fue la inspiración de su vida, su fuerza y norma moral y su Amigo.
Creer significó para Abraham, y significa para nosotros, extender un cheque en blanco, confiar contra el sentido común y las leyes de la naturaleza, entregarse ciegamente y sin cálculos, romper con toda una situación establecida y ponerse en camino hacia un mundo incierto, sin saber a donde se va.
Esta es la aventura de la fe, todos los riesgos se corren, nunca se está seguro. Es el salto a un precipicio que quiere decir vacío de seguridades y en plena oscuridad.
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miércoles, 18 de marzo de 2009
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