viernes, 6 de marzo de 2009

ORACION

Por: J. Nicolás Hartz

Oramos ante Dios,nos pasamos 30 minutos,60 minutos ante El y ponemos en marcha esa superpotencia constitutiva del hombre que pretende poseer a Dios.

Sentimos que nuestra alma va avanzando en la unificacion con Dios,tratando de adherirse,de asirse,de poseerlo y al final,tratando de ajustarnos en El y descansar,casí nos encontramos en el umbral de Dios,nos sentimos inundados de El.

Pero,¿qué sucede? cuando los creyentes tenemos la impresión de que nuestro objetivo está al alcance de la mano, Dios comienza a desvanecerse como un sueño y entonces se torna en ausencia y silencio.

Dios parece ser un rostro siempre fugitivo e inaccesible,aparece y desaparece,se concretiza y se desvanece,se acerca y se aleja y es entonces que quedamos con una sensación de frustación; ésta aventura se convierte las más de las veces en desventura,y la fe se convierte en un drama.

Como creyentes nos comienza a aparecer el fenomeno de la nostalgia que nos transforma una vez más en desterrados,nos devora nuevamente el anhelo del Infinito, igual que un expatriado que siempre suspira por la patria.

Partimos nuevamente en su busqueda.No lo encontramos cara a cara. No lo podemos poseer, por ello siempre hablamos de ser peregrinos en la fe.

Buscamos y caminamos una y otra vez, nos convertimos en eternos caminantes. Y que conste que la fe no es otra cosa que una peregrinación,es un siempre salir, una odisea, un éxodo interminable. Ciertamente moriremos en el camino sin llegar al descanso, la llegada será el descanso.

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